Organización de comunidades populares
Como parte de iniciativas de mayor alcance, algunas comunidades han empleado la organización de centros populares para aumentar la comunicación entre padres y madres y sus hijos/as respecto a la sexualidad y estimular otros cambios en la comunidad. Uno de los ejemplos más grandes y mejor fundamentados de esto es la iniciativa Plain Talk.1 Este fue un programa de varios años implantado en cinco comunidades, tres de las cuales participaron en la evaluación de repercusión.
La iniciativa se enfocó en los/as jóvenes sexualmente activos/as y procuró aumentar la comunicación entre adultos/as y jóvenes respecto a la sexualidad y la anticoncepción, así como aumentar el acceso a los servicios de anticoncepción. Para hacer esto, emprendió una variedad de actividades comunitarias para crear un consenso entre los/as adultos/as acerca de la necesidad de proteger a la juventud sexualmente activa promoviendo el uso de anticonceptivos. Además, la iniciativa proporcionó a los/as adultos/as el conocimiento y las habilidades para comunicarse de manera más eficaz con los/as adolescentes respecto al comportamiento sexual y la anticoncepción.
Una de las comunidades utilizó personal profesional para hablar y organizar a los padres y las madres, mientras que las otras dos utilizaron residentes de la comunidad que recibieron capacitación. El personal profesional pudo comenzar de inmediato los talleres, pero llegó a un número menor de padres y madres (aproximadamente 125) durante el transcurso del proyecto. En comparación, los/as residentes capacitados/as de la comunidad requirieron muchos meses de capacitación, pero finalmente llegaron a más padres y madres (800 a 1,350).
En uno de los lugares, los padres y las madres participaron en un solo taller de dos horas, mientras que en otro de los sitios participaron en cuatro talleres de dos horas. Además de los esfuerzos para aumentar la comunicación entre adultos/as y jóvenes, una de las tres comunidades abrió una clínica para atender adultos/as y adolescentes, otra abrió una clínica para adolescentes y la tercera aumentó las horas para los/as adolescentes en una clínica preexistente. Los/as jóvenes también recibieron información sobre la salud reproductora en varios eventos de la comunidad.
Las encuestas previas y posteriores a la prueba revelaron que hubo un aumento significativo en el porcentaje de adolescentes sexualmente activos/as que habían hablado con algún/a adulto/a acerca del embarazo o de las ETS (pero no del control de la natalidad). Sin embargo, no hubo cambio significativo en el número de adolescentes que no eran sexualmente activos/as en ese momento, aunque hubieran hablado con un/a adulto/a acerca de estos tres temas. Los resultados de la encuesta tampoco revelaron cambios significativos en el uso de anticoncepción en la primera o última relación sexual.
Referencia
- J. Grossman and S. Pepper, Plain Talk and Adolescent Sexual
Behavior (Philadelphia: Public/Private Ventures, 1999).